miércoles, 29 de junio de 2011

ESPEJOS EN LA SOMBRA








ESPEJOS EN LA SOMBRA

Se habían concitado allí, para revelarme el paso del tiempo….

Era una noche fría, de tormenta,  y nos acercamos a casa con el fin de resguardarnos.
La casa estaba poblada de espejos por todas partes que cuidadosamente, él, mi acompañante había colocado porque consideraba que la casa vacía de espejos carecía de una realidad imperiosa, el juego de luces y de sombras.
Se fue la luz y encendimos velas, el aspecto en general era algo tenebroso pero curiosamente tenía para mí, algo de acogedor y cálido.
Quien me iba a decir que esa noche descubriría los lugares más recónditos de mi pensamiento…
Había, estratégicamente situados espejos en las esquinas, en las planas paredes, de manera que estos se multiplicaban hasta el infinito procurando una sensación de amplitud a la estancia que se multiplicaba y  multiplicaba reflejando y poblando de imágenes las habitaciones...  había incluso uno, situado sobre la cama y clavado con escarpias en el techo inclinado, que producía una sensación de terror al acostarse, con el temor de que se desprendiera  amenazante.
El reflejo de los relámpagos entraba por las ventanas, el viento que se colaba por las rendijas de la vieja casa, agitaba  parpadeante, la luz de las velas, las luces y las sombras se mezclaban incesantes y nosotros, en el centro de todas estas cosas, mirábamos asustados nuestras imágenes temblorosas que nos hablaban sin parar.
Vi entonces mi rostro sombreado y  poblado de surcos que me insinuaban el paso del tiempo en mis rasgos cansados y profundamente sellados por la sombra, vi también la sombra de la locura y de la muerte, vi mi imagen desdoblada y confundida con la del otro ser que me acompañaba, que se apagaba y se encendía de manera intermitente, vi a mi padre, a mi madre , a todos mis amigos que en su cercanía y multiplicados, extendían sus brazos hacia mí pidiéndome que les abrazara,  por un momento creí enloquecer y sobrecogida me agarraba al asiento que dulcemente me acogía entre los cojines ocasionalmente situados, vacilante, me levanté con la esperanza de que volviera la luz y di una vuelta por la casa, la visión se hacía insoportable, yo, aparecía como drogada, ebria de espanto  y de un asombro inocente que me reveló el acuciante paso del tiempo y la confusión del espacio infinitamente extendido y desplegado… … ¡No le digas a nadie lo que has visto¡ exclamó confundido en la sombra mi acompañante ....

domingo, 26 de junio de 2011

EL ABANDONADO

EL ABANDONADO
Cuando Dios quiere perder a un hombre, primero le vuelve loco... 

Era un hombre de carácter muy autoritario y agrio, con familia muy numerosa, que vivía apartado en un lugar en el cual cultivaba patatas y toda clase de hortalizas y donde empleaba su tiempo en arreglar cuantos supuestos desperfectos iban a caer en sus manos, tuberías, desagües, coches destartalados, casetas, aunque no hubiera motivo para ello, era su diversión favorita.
Los hijos le secundaban y merodeaban por el lugar con el fin de agradar a su padre  que gruñía sin parar, celosos de su hacienda. Él dormía allí, y siempre se mostró reacio a volver a su hogar donde una mujer de gran carácter y muy rica, se reía de la circunstancia de que su marido hubiera decidido alejarse de esa manera, hasta un punto en el que una hilera de bandejas malolientes, con restos de comida, que le enviaba todos los días resignada, salía de la habitación del hombre huraño, que delataban la situación de  abandono en la que se encontraba.
La familia iba aumentando desaforadamente, la mujer cosía y cosía entre risas y respuestas que más bien sonaban a excusas,  cuando alguien le preguntaba en dónde se encontraba su esposo. "Estará por ahí", decía irónica... "arreglándole la vida a alguien"… él por su parte nada comentaba, y miraba al cielo cuando  le caía alguna pregunta en suerte.
Así pasaban los días, y un día, alguien se acercó a su cabaña improvisada, con el fin de arreglar la dínamo de un vehículo que se había estropeado, el hombre, presentía un nuevo quehacer, y dejando ver  entre dientes una alegría contenida de sentirse útil, y gruñiendo, se dispuso solícito a arreglarlo. Bajaron dos mozos fortachones del vehículo, le prendieron, le maniataron y se lo llevaron dentro del coche, a otro lugar en el cual habita en la actualidad como ausente, con la cabeza inclinada sobre el borde de una ventana ciega, y con una bata verde que le deja la espalda al descubierto, nadie le visita, y su mujer, permanece ahora en silencio cuando alguien le hace la pregunta de siempre ¿dónde está tu marido?...

sábado, 25 de junio de 2011

LOCOS DE ATAR

LOCOS DE ATAR

El genio y el loco tienen una cosa en común, los dos  mueren sin saberlo.

Mucho es lo que se ha escrito y filmado sobre  la locura ,  elogiando incluso, después de su muerte, a título póstumo, a insignes artistas como  Van Goh .  Los escritos de  Erasmo de Rotterdam, con " Elogio a  la locura”, “Diario de un loco” de Nicolai Gogol, "L´amour fou"  de Bretón , por mencionar algunos ejemplos,  y otros muchos, que consideraron el arte, estrechamente ligado a este extraño acontecimiento de  enloquecer.
Pero, nada hay  más duro ni más doloroso, a excepción de la muerte, para un hombre, que esta circunstancia de estar loco.Con mayor o menor fortuna, esto lo saben bien, los que se ven obligados a convivir con los locos, en el recinto de una institución psiquiátrica, como psiquiatras, celadores, enfermeras, agentes de seguridad… …
Había en la ciudad un ambiente de locura, poco común en otras ciudades que, inducía a pensar que, con el afán integrador de la psiquiatría actual, los locos andaban sueltos y habían contagiado de alguna manera a sus habitantes ¡como si la locura fuera contagiosa¡
 Entonces,  paseaban individuos, que hacían gestos extraños, por las calles, y alguno, en particular, los teñía de gran teatralidad, y agresividad, dando así la impresión de que realmente estaban locos o bien, vivían por completo alcoholizados o drogados, tal era su afán de destacar en el mundo del arte y de la cultura, que con total desaprensión, usurpaban de alguna manera la condición de los locos que luchaban por integrarse, con grandes dosis de medicación y de sufrimiento.
Con la premisa de, “un idiota nunca se vuelve loco” jugaban todos a ser el más listo… a ser el más loco… convirtiendo de este modo la ciudad en una auténtica jaula de grillos, en la que los locos, sin ser conscientes de su estado, algunos eran verdaderos artistas, se sentían excluidos, al borde de una cordura que inevitablemente les llevaba a la muerte. Muchos de ellos se suicidaron.
Uno de estos individuos, en el colmo del delirio me dijo un día: El loco soy yo…
 Con tristeza, le respondí: Un loco... nunca sabe que está loco….…

LA VECINA INDISCRETA









LA VECINA INDISCRETA

Todos los días subía las escaleras visiblemente cansada y acompañada por  un niño que tendría unos seis años.
 Era una mujer pequeña y delgada, y muy mayor, que vivía en esa casa hacía ya muchos años, tenía  marcas de maquillaje en el rostro que se mezclaba de manera ocasional en los diferentes rasgos de su cara, dándole el aspecto de una mujer experimentada en los asuntos de la vida.
Era frecuente escuchar su llegada acompañada de un sonido intermitente de sus llaves y un curioso canto ocasional, todo el mundo en el barrio la observaba ir y venir en completo silencio.
Llegaba a la puerta de su casa, y cuando había abrillantado los elementos metálicos de la puerta,  le daba golpes al niño en la cabeza para que los contemplara, y se oían los gritos angustiados  de la criatura, mientras ella atinaba a introducir las llaves en la cerradura.
Después de mucho tiempo, ya no se la veía en compañía del niño y tampoco se oían los cánticos con que acompañaba su ascenso por las escaleras, los demás vecinos solían ignorarla, como solían hacer con la mayor parte de la gente, así que su anonimato era casi absoluto, yo, que vivía puerta con puerta, no escuchaba ya, nada, ni de noche ni de día…
 Al salir un día al descansillo, encontré la puerta de su casa abierta y se oían desde el interior unos gemidos entrecortados, entré en la casa y la encontré amordazada y atada a una silla y llorando sin parar, la liberé de todas las ataduras y me explicó entre sollozos: ¡Me han robado mis joyas¡ ... ¡El dije de mi Pepe¡ ... traté de calmarla, y al poco tiempo,  apareció la guardia urbana alertada por un vecino del gremio, ella me miró turbada y me dijo, cuando se la llevaban a declarar, entre pequeños gritos ya, y con el rostro desencajado  : ¡Tú necesitas a alguien que te oriente¡ … ...
El caso salió en la prensa, y pude entonces saber, que se trataba de la alcahueta del barrio y de un ajuste de cuentas.

viernes, 24 de junio de 2011

LOS LIBROS Y EL ANCIANO

LOS LIBROS Y EL ANCIANO

No es la desolación  de lo que ocurre, sino de lo que no ocurrirá nunca, no es la triteza de lo que son las cosas sino la de aquello que nunca llegan a ser.
Humbert Kink

El anciano dormía de sol a sol y solamente salía a refrescarse al caer la tarde y se emborrachaba todos los días.
Vivía ajeno a todas las cosas y afirmaba vehemente, que ya lo había hecho y visto todo en la vida y esperaba  la muerte. Ofuscado y triste,  ya no establecía ningún tipo de acercamiento humano, con lo cual, era en extremo difícil entablar una conversación con él, que no fuera entrecortada, con diferentes fluctuaciones de tono, a golpe de soledad y desamparo.
De vez en cuando se oía el crujido de su puerta cuando salía para ir al baño, entre tanto…. La persona que lo cuidaba merodeaba por la casa buscando la manera de establecer algún tipo de comunicación, que le proporcionara distracción.
Había en esa casa toda clase de antigüedades, celosamente guardadas a lo largo de los años y al parecer de gran valor, había también libros,  y se acercó a ellos con el fin de encontrar alguna voz que le fuera familiar. Se había instalado en ella la añoranza de sus libros.
 Ocurre con los libros que es mejor tenerlos en casa cuidadosamente colocados, siempre a nuestra disposición cuando nos asalta un pasaje, un relato, un nombre  que necesitamos releer con urgencia, lo que no es posible, cuando leemos libros prestados o simplemente alquilados por unos días en una biblioteca, con fecha de entrega y prorrogable, manoseados por la multitud y con las páginas encorvadas  o destartaladas la mayor parte de las veces.
Encontró muchos libros de cocina, enciclopedias y compendios de toda clase, novelas de postguerra, diccionarios y métodos de aprendizaje de alguna lengua, incluso algunos libros de texto y también relatos infantiles. Dio la vuelta hacia la derecha y encontró uno, que le llamó poderosamente la atención en medio de libros tan pintorescos, “Punto de Fuga” de Peter Weiss, lo rescató con premura de la estantería y se lo llevó consigo a la cama para releerlo.
Al poco tiempo, él apareció en la entrada dispuesto a salir como todos los días, y al contemplar la escena de relectura exclamó ¡ah¡  ¡sí... sí¡   nunca he  podido comprender a ese hombre…. Y partió con su desolación rumbo al río en el que se bañaba todos los días… …

jueves, 23 de junio de 2011

PAPIROFLEXIA










PAPIROFLEXIA

El abuelo era un ser desdichado y huraño que vivía de noche y dormía de día, apenas comía, y era también de pocas palabras, pero bien parecido, aunque un poco huesudo, y siempre iba en compañía de su bastón y su sombrero de ala ancha.
Niña aún, le espiaba por ver si algún día reparaba en ella y le revelaba su halo misterioso, a él no le gustaban los niños, pero de vez en cuando les mostraba sus llaves a modo de sonajero, con total indiferencia.
Una noche, se disponía a salir de su casa para dar el paseo habitual y se acercó a su nieta, con los ojos diminutos y encendidos  y le dijo: "si quieres venir conmigo te presento a unos amigos muy simpáticos". Salió en su compañía y se hundieron los dos en medio de una niebla espesa y blanquecina.
Llegaron al café de los artistas, y un anciano no menos enjuto que el abuelo, les acogió sonriente con un enorme libro en las manos de tapas forradas en tela de color verde oscuro, que estaba jugando con servilletas de papel del que florecían, como por arte de magia, figuras diminutas como duendes encima de la mesa, la niña fascinada quiso saber de qué truco se trataba  y él, atento y cariñoso le entregó el libro de tapas de tela verde al abuelo, no sin antes haber estampado en la primera página la dedicatoria: "A mi buen amigo"… y la firma y la fecha, con la recomendación de que no lo abrieran hasta llegar a casa,  para que no se escaparan los duendes.
Andando el tiempo, la niña creció y había encontrado, ya, otros libros que hablaban de muchas cosas más, incluso de seres imaginarios… ...
  El abuelo falleció, y ella todavía pensaba en aquellos duendes del abuelo y su amable amigo y la recomendación de no abrirlo…  un día, en medio de una trifulca, en la que todo le estaba prohibido, incluso salir de su casa, encontró el libro apilado junto con otros libros de gran tamaño y sin dudarlo lo abrió por la primera página en la que reconoció la dedicatoria: "A mi buen amigo"…y temblorosa por el hallazgo, continuó pasando las páginas y descubrió miles de filigranas en líneas de puntos que dibujaban duendecillos que a su paso, iban cobrando vida,  y saltarines, le indicaron acompañándola, la puerta de salida.

Hoy día, el libro reside en su morada y es objeto de muchas miradas ambiciosas que lo consideran de gran valor comercial.

miércoles, 22 de junio de 2011

LAS FLORES Y EL DESEO

LAS FLORES Y EL DESEO

Una hilera interminable de empleados de la floristería subía por las escaleras desvencijadas de mi casa, cargados con ramos y cestas de flores que apenas podía albergar mi diminuto habitáculo. Desde arriba, contemplaba la procesión sin comprender  a qué venía tanto colorido y floreciente ostentación.
Yo no había hecho nada para merecer tanto agasajo que me vi obligada a aceptar ante el enfado de los floristas deseosos de desembarazarse del cargamento.
El olor intenso se colaba por todas las rendijas la casa,  mezclándose con la herrumbre vieja que asomaba por sus puertas.
La intriga despertó en mi pecho angustiado la curiosidad sobre el origen de semejante despilfarro, a medida que recibía una cesta o un ramo, miraba en su interior con la ciega esperanza de hallar una tarjeta… una nota… todas las flores llegaban desnudas en su belleza y  penetrante olor, sin hallar una respuesta.
Muchas otras veces, había recibido muestras de cariño de algún admirador o amigo, discretamente colocadas en mi puerta o debajo del felpudo, o simplemente depositadas cuidadosamente en mi buzón o bien,  me las entregaron personalmente, pero esto constituía una agresión total en los sentidos.
 Cuando ya se me acercaba la última entrega, contemplé absorta que se trataba de una sola, y hermosa rosa roja que tenía enroscada en su tallo una nota anónima, escrita en caracteres muy nerviosos, que decía: Que sepas, que hago el amor contigo todos los días de mi vida aunque tú no estés presente.
 Nunca supe la procedencia de este deseo imperioso.