viernes, 10 de mayo de 2013

Mi libro de relatos. Se encuentra publicado en Amazon.com, también en formato Kindle.




domingo, 5 de mayo de 2013

LA LOSA DE SÍSIFO






LA LOSA DE SÍSIFO

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.
Píndaro

Los azules se habitan unos en otros, con intimidad relajada en un horizonte brillante y de color cada vez más intenso. Hoy me visita complaciente el dios del mar, las rocas resplandecen a lo lejos en la luz intensa del sol, largo tiempo de desdichas al borde de la muerte descansa por fin en las viejas arenas del pasado.
 El fardo de los tormentos sin cesar espoleaba mi ánimo con su carga, ciega y sin saber muy bien el por qué de ese castigo, mis pobres huesos resistían a duras penas el terrible peso ajeno, —una gran losa que duplicaba mi tamaño—, a duras penas soportaba la carga por los caminos oscuros de ese castigo fatal, los dioses reían complacidos, las diosas sentían igualmente regocijo, pasé así muchos días, muchos meses, muchos años, y nunca llegaba la luz a iluminar mis ojos, cada avance suponía una nueva recaída y levantarse entonces  duplicaba el esfuerzo, paso a paso me hostigaba el cruel destino y en la morada de los muertos no hay salida, ni atisbo de luz, no hay esperanza, volvía sobre mis pasos una y otra vez  para empezar de nuevo mi suplicio, el círculo  fue acotando cada vez más mi cuerpo, comprimiendo con fuerza la piedra contra mis hombros agotados, un esfuerzo titánico se apoderó de mis miembros,  una y otra vez  la dejaba caer y rebotaba en el suelo su peso  con gran   estruendo, la ciénaga me rodeaba y mis pies resbalaban sobre el barro, las estaciones del tiempo dejaban sus huellas y en invierno la nieve se asociaba con el frío y entumecía mi ser mortal, mis huellas a su vez se dibujaban en el hielo provocando una nueva derrota y otra, y otra, sobre el suelo deslizante, el tórrido calor del verano abrasaba lentamente mi sudorosa  piel que respiraba ya sin fuerzas sobre el desértico asfalto y los dioses inmortales formaban su séquito a mi espalda robándome el aliento, tres veces la muerte salió a mi encuentro, cuando ya estaba cerca de caer en sus brazos, el dios Poseidón me arrastró consigo en sus aguas y sobre ellas  lanzó la roca que a lo lejos en el horizonte contemplo amenazante. Luminosos y divinos los días me devuelven el tiempo arrebatado, lejos del infierno, inmersa como vástago suyo en el Universo.
Mito de Sísifo:
. Desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo fama de ser el más astuto y sabio de los hombres. Cuando Tanatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes por lo que nadie murió hasta que Ares vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia en el inframundo en donde  sufrió un terrible castigo, en el infierno, Sísifo fue obligado a cumplir su castigo, que consistía en empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio, una y otra vez. Así se cuenta en la Odisea.El motivo de este castigo no es mencionado por Homero y resulta oscuro.Según algunos, había revelado los designios de los dioses a los mortales. De acuerdo con otros, se debió a su hábito de atacar y asesinar viajeros. También se dice que aún viejo y ciego seguiría con su castigo.
 Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia.
 Sísifo (Σίσυφος) fue fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto). Era hijo de Eolo y Enarete, y marido de Mérope. Según algunas fuentes posteriores, fue el padre de Odiseo con Anticlea, antes de que ésta se casase con su último marido, Laertes.
De acuerdo con la teoría solar, Sísifo es el disco del sol que sale cada mañana y después se hunde bajo el horizonte. Otros ven en él una personificación de las olas subiendo hasta cierta altura cayendo bruscamente, o del traicionero mar. Se ha sugerido que la leyenda es un símbolo de la vana lucha del hombre por alcanzar la sabiduría.
En nuestros días el mito ha sido analizado por Albert Camus que en un largo  ensayo que resulta revelador con su explicación filosófica del mito en donde planea la filosofía del absurdo. Sostiene que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que lo que creamos, se plantea el tema del suicidio, siendo el mundo tan fútil ¿qué alternativa hay al suicidio? Así pues desarrolla Camus la idea del “hombre absurdo” o con “una sensibilidad absurda”.
El hombre consciente de la completa inutilidad de su vida o bien incapaz de comprender el mundo se enfrenta en todo momento a esa incomprensión, éste sería el hombre rebelde, siempre frente al mundo.
Esa “eterna vivacidad”  el eterno enfrentarse con el absurdo, con el mayor número de experiencias es lo que da sentido a no renegar del absurdo. Concluye a través de esa conciencia del absurdo en que Sísifo es el héroe del absurdo definitivo y afirma que Sísifo experimenta la libertad durante el breve instante en el que al empujar la roca aún no tiene que comenzar de nuevo desde  abajo.
Nos dice que Sísifo, a pesar de ser ciego sabía que las vistas del paisaje estaban ahí y debió encontrarlo reconfortante: “Uno debe imaginar feliz a Sísifo” por lo que Camus  aparentemente lo salva de su destino suicida.
De Claros y Sombras
Mercedes Vicente González
Foto: Sísifo. Tiziano 1548 

sábado, 4 de mayo de 2013

LAS ALAS DE ICARO







LAS ALAS DE ÍCARO

Después que la mano última a su empresa
impuesto se hubo, su artesano balanceó en sus gemelas alas
su propio cuerpo, y en el aura por él movida quedó suspendido.
 Ovidio. La Metamorfosis, libro VIII


Sobrevuela el mar de la desdicha vestido con sus alas elaboradas cuidadosamente en la prisión del abandono por el buen hacer del conocimiento, que requiere paciencia y humildad y ensoberbece al mismo tiempo al  hombre investido con su poder luminoso y lento.
No ignora el trabajo de su maestro y padre, él mismo ha recogido las plumas esparcidas por los pájaros, abandonadas al alcance de sus pobres manos. Algo mágico le conduce a través del éter, los hombres desde la tierra lo admiran como a un dios, desafía ingenuo el poder del viento contra su rostro y bate sin cesar las alas de la memoria trabajadas con esmero, el sabio artesano lo vigila de cerca y ve con inquietud su lejanía, Ícaro alza más alto el vuelo, desoye sus consejos, ebrio de placer y de orgullo ignora su caída.
Dédalo conoce el riesgo que encierra su saber y es previsor, conoce el proceloso mar que le espera, conoce sus propios límites y advierte a su hijo, es un artesano capaz de deslumbrar al resto de los hombres con los prodigios del arte, ha experimentado el enorme placer de volar batiendo sus alas comprobando  que siempre, siempre,  pide más  su pobre espíritu.
 Ícaro conoce así el paraíso que le aleja del Laberinto tortuoso y se deja llevar por el viento hacia la luz poderosa del sol, vuela sin mesura inundado de gozo, el calor desvanece la cera de sus días poco a poco, sus alas inmortales se desprenden de su espalda , su aliento siente la asfixia de la irrupción del aire en sus pulmones y la humedad de la espuma marina le carga con el peso de la desventura, su realidad corpórea no resiste y le devoran las aguas de su triste vida, su padre llora y le nombra en vano, la melancolía del conocimiento le embarga y se lamenta, entonces, preferiría estar ciego, erige ante su tumba  dos columnas en las islas del Ámbar una en honor de su hijo otra con su propio nombre, que dejan traslucir el pesaroso reino de la muerte.

Mito de Ícaro:
Ícaro (en griego clásico Ἴκαρος,  Ikaros), es hijo del artesano y arquitecto Dédalo. Ícaro pasa a veces por ser el inventor del trabajo en madera, su padre hombre muy ingenioso que fue a parar a la corte del rey Minos en donde realizó algunos de sus trabajos más famosos, como el Laberinto de Creta en donde Minos encerró al Minotauro fruto de los amores de su esposa Pasifae con el toro blanco de Poseidón y a quien Dédalo le construyó una vaca artificial para que consumara su zoofílica relación con el toro. También se le conoce como autor del templo dedicado a Apolo en la corte del rey Cócalo. Y asimismo la   (construcción de Talos, una estatua de bronce como defensa militar). Dédalo construyó además una amplia pista de baile para Ariadna (Iliada XVIII.591) y  dio su nombre epónimamente a cualquier artesano griego y a muchos artilugios griegos que representaban hábiles técnicas.
Dédalo consiguió escapar de su prisión, su propio laberinto, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado. Dado que Minos controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas y añadiendo otras cada vez más largas, para formar así una superficie mayor. Aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro, (pasaje maravillosamente descrito por Ovidio en el libro VIII de la Metamorfosis).
Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Entonces padre e hijo echaron a volar.
Pasaron Samos, Delos y Lebintos y entonces el muchacho empezó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y, lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar dónde Ícaro había caído Icaria en memoria de su hijo. Dédalo llegó sano y salvo a Sicilia bajo el cuidado del rey Cócalo donde construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios. El rey Minos buscó desesperadamente a Dédalo por todas las ciudades ofreciendo un acertijo que estaba seguro resolvería Dédalo, ofrecía una caracola espiral y pedía que fuese enhebrada completamente, éste ató un hilo a una hormiga que recorrió todo el interior de la concha, enhebrándola completamente. Minos descubre así a Dédalo y exige al rey de Sicilia que le sea entregado, pero Cócalo le convence para que tome un baño y sus hijas lo mataron quemándolo con agua hirviendo.
Se decía también que Ícaro y Dédalo habían huido de Creta cada cual en un barco de vela. Dédalo acababa de inventar el uso de las velas, pero Ícaro no supo gobernar el suyo y naufragó. O bien, que saltó torpemente a la tierra de Icaria y se ahogó, son variantes del mito que tienen por objeto reducir el carácter maravilloso de la aventura al suprimir el episodio de las alas.
En este mito se destaca uno de los ingenios del artesano que le acarrea un fatal destino, la muerte de su hijo Ícaro portador de unas alas que fabricó su padre con el objeto de salir huyendo de Creta en donde permanecían encerrados por el rey Minos bien en una torre vigilada por guardianes, y según otras versiones en el mismo intrincado Laberinto. El mito nos habla del valor del ingenio, de hecho el nombre Dédalo significa “artificioso”  “trabajado artísticamente” en griego clásico ( Δαίδαλος, Daídalos) y la transcendencia y nefastas consecuencias que puede generar  el mal uso del poder que obnubiló la mente de Ícaro y poseído de su fuerza tras su apasionante vuelo, se vio sorprendido por su caída y encontró la muerte.  
¡Ay, dolor!, una mano
gesticula en mudo grito de ayuda desplomándose
desde lo alto…
Robert Walser “La caída de Ícaro”

De: Claros y Sombras
Mercedes Vicente González
Foto: Peter Brueghel el Viejo 1554-55
Paisaje con la caída de Ícaro

jueves, 2 de mayo de 2013

EL ABSURDO DE PROMETEO







EL ABSURDO DE PROMETEO
La aparición de un dios representa el final de un largo período de oscuridad y padecimientos. Y es el suceso más tranquilizador de todos los que pueden ocurrir en una cultura.
El hombre y lo divino.  María Zambrano


Prometeo está triste, como un ladrón se ha enfrentado al padre de los dioses y ha entregado a los hombres el fuego divino que contempla fulgurante arrasando la tierra, sufre en su roca, impotente, cómo él es ahora  uno más  de los humanos. He aquí el drama del dios prisionero, torturado, sometido  a interrogatorio, que reta y maldice a un dios sanguinario, espía, verdugo y salvador a la vez.
Despojados de su divinidad los hombres acosan desesperados cualquier manifestación de la misma  en sus congéneres y la más común es la de un hombre enamorado. La luz ilumina sus ojos, su piel brilla ante todas las miradas, su caminar es decidido y seguro, vacíos de ese poderoso influjo divino quieren tocar al investido, desean su suerte, y como lo único que conocen es su malestar material, lo materializan y lo banalizan adaptándolo así a su existencia de pobres desgraciados.    La vida irrumpió como un huracán en el ánimo de un hombre, que demasiado pronto tuvo esa suerte, tergiversándolo todo, se llenó de deseos, de impaciencia por contemplar y comprender cuanto se abría ante sus ojos, los ancianos sonreían complacidos, las mujeres cotidianas tendían sus brazos a su paso para sentir de cerca el calor de sus rayos, los niños confiaban en su mirada, se extendía el deseo a lo largo y a lo ancho de las ciudades que pisaba, le besaban, le abrazaban, le devoraban, era  la belleza, la empatía, el despertar.
 Cuenta Hesíodo en sus escritos sobre los orígenes de las razas que la humana es de origen divino y fue degenerando hasta convertirse en lo que hoy conocemos como humano. Y ese hombre conoció finalmente las sombras y se alejó espantado. Anegado en ellas llora ahora su mal hado.
 En la oscuridad del útero permanece dormido con el calor de su madre y llora su ausencia al nacer,  el despertar de todo hombre tiene algo de divino, se mantiene en esa divinidad según los obstáculos con que se encuentre, para el más osado o afortunado, continua extendiéndose a lo largo de su vida por encima de todo y flota como sobre una balsa de aceite hacia adelante, pero arrastrado en su deseo de luz camina ineludiblemente hacia las sombras.
Prometeo roba el fuego y a la humanidad desvalida se lo otorga y para ello libra una batalla contra el que todo lo puede, el más divino de los dioses, se rebela y es cruelmente castigado sobre la roca del tiempo, la eternidad de su condición divina prolonga su dolor regenerándose el hígado a pesar de la voracidad del águila, dolor eterno que los hombres mortales eluden en su condición de mortales, y esa luz es fuego entonces que todo lo arrasa en una lucha terrestre por prevalecer, heredan de Prometeo sin embargo esa eternidad de su dolor en la brevedad de su trayecto, símbolo de la afirmación del yo contra dios y el mundo, símbolo de un sí absoluto a la vida, símbolo de una superación de un yo heroicamente despojado de los dioses en el seno de la decadencia del mundo y de lo divino, el padre de los dioses contempla a los pobres prometeos humanos y desea perdonar al titán a través de un héroe hijo suyo Heracles pero el castigo recae sobre la raza humana con el desprecio superior del poder divino.
El dios de dioses no tolera la insolencia, quiere súbditos adoradores obedientes y sumisos que a su vez recuerden en la tierra su omnímoda presencia, el hombre es un titán divino y en su trayecto asola ciudades, arrasa pueblos enteros, es un genocida embestido por el poder divino, camina dando palos de ciego, mortal,  pende de un inmortal que traza su camino castigándole al vacío y a la miseria, el dios de dioses no perdona, el perdón no existe, el dolor del hombre culmina en la muerte cansado de rastrear su identidad divina, Prometeo, la roca del Cáucaso, es la nada de los hombres enfrentados impotentes a ese acontecer divino cotidiano que arrasan la tierra sin cesar en pos del poder de ese dios de dioses que imaginan omnipotente.
Los dioses se cansaron; se cansaron las águilas; la herida, cansada, se cerró. Quedó la inexplicable cadena de montañas rocosas… La leyenda trata de explicar lo inexplicable. Dado que proviene de un fundamento de verdad, tiene necesariamente que terminar en lo inexplicable.” (Franz Kafka)

Mito de Prometeo:
Nos dice desde su magisterio María Zambrano: “Existir es resistir, ser ‘frente a’, enfrentarse. El hombre ha existido cuando, frente a sus dioses, ha ofrecido una resistencia”. Hoy ya prácticamente no se ofrece esa resistencia. En escena se espera un titán que encarne esa fuerza capaz de reponer la contienda con los dioses, el antiguo juego de engaños y dones, no para triunfar, sino conforme al mito, para existir. No es claro que esta vez Prometeo pueda ayudarnos, la triste disposición seglar de marginados y “salvados” parece irreparable.
En la mitología griega, Prometeo (en griego clásico Προμηθεύς, ‘previsión’, ‘prospección’) es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja, darlo a los hombres para su uso y posteriormente ser castigado por Zeus por este motivo.
En Atenas se había dedicado un altar a Prometeo en la Academia de Platón.Desde allí partía una carrera de antorchas celebrada en su honor por la ciudad, en la que ganaba el primero que alcanzaba la meta con la antorcha encendida.
Como introductor del fuego e inventor del sacrificio, Prometeo es considerado el Titán protector de la civilización humana.
El mito de Prometeo se encuentra en dos obras: en la “Teogonía” y en “Trabajos y Días”, ambas de Hesíodo. Este mito ejemplifica la caída del hombre desde esa posición privilegiada con la divinidad hasta la situación actual. Hay otras versiones del mito de Prometeo, como la que aparece en el “Protágoras” de Platón, o en el “Prometeo Encadenado” de Esquilo.
Prometeo era hijo de Japeto y la oceánide Asia o de la también oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo Encadenado  que era hijo de Gea o Temis. Según una versión minoritaria, el gigante Eurimedonte violó a Hera cuando ésta era una niña y engendró a Prometeo, lo que causó la furia de Zeus temeroso de su poder.
En la mitografía, Prometeo puede ser clasificado entre los dioses tramposos, como es en la mitología nórdica Loki, quien análogamente es un gigante más que un dios, está asociado con el fuego y es castigado a ser encadenado a una roca y atormentado por una serpiente.
  Así pues Prometeo es un titán, que se hermana con los hombres, se cuenta en algunas versiones del mito que él fue el creador de los hombres a quienes Zeus quería destruir.La Biblioteca mitológica recoge una versión según la cual Prometeo fue el creador de los hombres, modelándolos con barro. Es el dios de la tecnología y el progreso, astuto y prototipo de rebeldía se enfrentó a Zeus el dios de dioses y le engañó dos veces, Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad. Urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses, pero la carne se la comen.
Indignado por este engaño, Zeus privó a los hombres del fuego. Prometeo decidió robarlo, así que subió al monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios o de la forja de Hefesto, y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse.
 Al robar Prometeo el fuego del carro de Helios y entregárselo a los hombres para su supervivencia, es castigado cruelmente por Zeus encadenado a una roca y a que un águila le devore el hígado que como es inmortal se regenera eternamente, el dolor y padecimientos de Prometeo son proverbiales.
Para vengarse por esta segunda ofensa Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió por medio de Hermes al hermano de Prometeo: Epimeteo, en cuya casa se encontraba la tinaja que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Epimeteo se casó con ella para aplacar la ira de Zeus por haberla rechazado una primera vez a causa de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses y quien en castigo sería encadenado. Pandora terminaría abriendo el ánfora tal y como Zeus había previsto.

Tras vengarse así de la humanidad, Zeus se vengó también de Prometeo e hizo que lo llevaran al Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y lo liberó disparando una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, quien era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue encadenado.
Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas de las Hespérides.
De acuerdo con otra versión por el dolor que le producía el águila voraz se fue apretando contra la roca hasta hacerse uno con ella, el Cáucaso.
Fuera de los nombres propios, el hilo conductor del drama parece compuesto de dos únicas hebras: la contienda a los dioses, y trocar dones y engaños. 

De Claros y Sombras
Mercedes Vicente González
Foto: Prometeo, escultura de Adam el joven 1762