miércoles, 9 de noviembre de 2016
domingo, 6 de noviembre de 2016
LADRONES DE ALMAS.
LADRONES DE ALMAS.
Predadores hay
muchos, ¡¡ah!! Cómo me gustaría cohabitar en una cueva de lobos!! Roban gallinas,
degüellan corderos y ovejas, son bestias eso es todo.
El hecho de que un humano, salga a la calle cuchillo
en ristre me parece cuanto menos un acto de desesperación. Los perros tienen
como ancestros a los lobos, nosotros carecemos de esa identidad tan arraigada,
entonces imitamos a los lobos, sin éxito por supuesto.
Siempre he sido amamantada por una loba, sí, no se
asusten, era una loba, y en la dimensión de su inteligencia encontré mi
destino.
No he encontrado en toda mi vida semejante grado de
empatía, aún por las noches y en medio de cualquier percance sospechoso, el
rastro de su piel pica y rebulle en la noche protegiéndome desde ultratumba.
Su piel, roja y fuego me viste cada día me arropa y
me deslumbra. Amo en consecuencia a cualquier animal que se cruza en mi camino
porque sé que con alimento y cariño dejan entonces de ser los predadores del sustento, mientras que los pobres humanos
cabalgan por la vida, como menesterosos que son, a merced de la primera víctima
propiciatoria para matarla al fin sin mejor resultado que una muerte gratuita.
Estúpidos humanoides que desconocen o ignoran la
nobleza de un auténtico predador de almas, un animal aplaca su delirio con la
satisfacción de sus necesidades elementales, por el contrario un humano se
convierte en un ser sanguinario e impotente.
Un animal te arroba el alma porque sabe que en el
alma reside su supervivencia.
Un humano sabe que en el alma de un desalmado reside
su destrucción.
6 de noviembre 2016.
lunes, 31 de octubre de 2016
Una carta no enviada.
Ahora que la muerte me pisa los talones encallecidos
a causa de tantos caminos hollados con pisada firme y quizás un poco inseguras
por tu presencia, la conciencia certera de que todo toca a su fin.
He pasado, he caminado, he ejercitado mis pobres
músculos y ahora te enfrento, ya sé, me esperas a la vuelta, eres implacable,
es mi destino encontrarte, y no te amo, tus figuraciones me espantan, no te
huyo, simplemente te detesto.
Vamos a llegar a un acuerdo, ese día en el que me
encuentre inmersa en una bella historia narrada por una de tus víctimas ya, sal
a mi encuentro, no me importa porque quizá yo me encuentre entonces muy lejos
de aquí, de ahora, en otro país en el adentro de otra alma que no es la mía,
rodeada de paisajes ignotos, de colores y de esperanzas porque sí, nuestro
trayecto no es otra cosa que una esperanza que nunca se consuma, una ilusión
velada solamente por tu presencia. Adiós y no te impacientes me sostiene la muy
efímera existencia de los sueños, la derrota de un simple humano.
jueves, 15 de septiembre de 2016
EL
RESPLANDOR DE LA BELLEZA
Me
enamoré de ella en días luminosos y desérticos, la claridad era tan potente que
anulaba todo mi ser dispersándolo en pedazos de vida nonata. Los poros de mi
piel rezuman aún cansinos las luces de
aquel amanecer fulgurante. Fue un amor a primera vista, largas noches en
vela, tras los pasos de la inconsciencia, dejándome ser, dejándome ir.
Sus
ojos acuosos de mirada profunda, fija, rotunda, me hablaron de lejanía, de
ausencia ensoñadora y etérea.
Joven
aún e ignorante de todas aquellas cosas del Universo todo, que aguardan en su
movimiento constante una ráfaga de viento para arrastrar consigo la fragilidad
del ensueño. Llegué a una ciudad yerma y candente, una ciudad de provincias con
el fin de llevar a buen fin mi
propósito, asustada y tímida en ebullición constante. Un largo trayecto de idas
y venidas a tientas y semiinconsciente.
No
conocía en verdad el objeto de ese amor que ha perdurado firme en el tiempo y
ha suscitado tantos interrogantes.
Tal
vez el amor es eso, esa cosa que se te mete dentro y no eres capaz de expulsar
lejos, algo incomprensible que nos ciega y aturde.
Cada
día que he pasado sumida en ese estado inconsciente, ella, sacaba lustre de lo
inaudito, ella siempre me salvaba de los peligros habituales, ella guiaba mis
pasos, así, poco a poco se me revelaba el misterio en medio de hermosas
visiones supra reales. Su dulzura, su hermosa
mirada cada día me cautivaban más y más porque todo aquello que rozaban
mis manos me devolvían su reflejo y me impulsaban más y más a nuevas aventuras.
Lo
más probable es que ya la debí sentir meses antes de nacer, tardé mucho tiempo
en nacer, lo cierto es que ese amor encendido, jamás lo he visto desfallecer.
Pronto
descubrí su dureza implacable, fui incluso objeto de alguna de sus agresiones,
y aún así su belleza me arrastraba hasta límites inconfesables.
La
vi, la contemplé, me senté incluso para verla pasar todos los días de mi pobre
existencia a mi alcance, ¡Bella como nadie! ¡Atávica! ¡Implacable! ¡Impaciente!
¡Caprichosa! Cuya fuerza embelesa a los seres humanos como única oponente a la
muerte, su contraria. Comprenderás querido lector que estoy hablando de un amor
común y accesible, el amor a la vida.
Mercedes.
15-9.2016
martes, 9 de agosto de 2016
CANTO DE SIRENAS "Yo no busco, encuentro" Pablo Picasso
Libro de 50 relatos cortos de tono fantástico y poético que aunque basados en hechos reales no son autobiográficos, ilustrados con imágenes alusivas al texto y citas de autores reconocidos, con una extensión total de 157 páginas.
(Publicado y a la venta en Amazon)
(Publicado y a la venta en Amazon)
viernes, 1 de enero de 2016
INMUNDICIA
INMUNDICIA
Se
amontonan en sus asientos en un recinto estrecho y sombrío rozándose sin pudor
durante horas en espera del primero que pase para importunarle con sus falsas
salutaciones. Ansiosas como comadres en celo, fondonas y envejecidas a
destiempo son capaces de escupir con su mala lengua serpientes y sapos
envenenados.
Así
son y están todos los días a la puerta de mi casa. No dejan vivir a nadie y
molestan continuamente como cotorras desatadas.
En lo más alto del edificio lejos de ese
espanto, pueblan mi casa personajes de toda índole, de esos que son capaces de
describir el transcurso del río del tiempo entre ciudades bien apostadas y
rodeadas de edificios de colores, calles irregulares y pedregosas, el sabor
viejo de una cantina añeja, un trago de tequila, una mezquita, un orante
oriental que clama en el desierto, un hombre fijo de mirada diáfana y aplicada
concentración delante de su libro en un rincón de un café en la vieja Europa, monstruos
de todos los días que sacuden los cimientos de las almas bien asentadas e
infringen castigos injustos y acusaciones y delirios, todas aquellas cosas que
azuzan nuestra vida llenándola de amarguras gratuitas, así, en esa atalaya de
sueños, de caminos hollados por pasos anónimos surgen de pronto ensimismados
diferentes personajes escritos, labrados, elaborados, sentientes y próximos que
con sus voces arrullan los sueños de cada día, de cada noche…
¡¡Cuánta
magia desplegada!, las palabras se adueñan del espacio temporal y nos revisten
de misterio.
A
veces tengo la impresión de que van a derribar con su empuje los muros de mi
casa esos despojos humanos ¡cuántas veces he tenido esa sensación! Algunos de
manera muy explícita han aludido a una torre de marfil. ¡No existe tal torre!
el mundo de los sueños no es más que el transcurso de otras vidas paralelas,
paralelas a esas otras vidas de cacatúas maldicientes, líneas que nunca se
tocan, en idéntico trayecto, pero con diferentes fardos.
Apostadas
en las puertas de mi casa, esas mentes indigentes piden a gritos cierto tipo de
conmiseración que no merecen, acreedoras como son de su inmundicia.
Las
moscas, mosquitos, chinches y pulgas pueblan mis redaños, pobres animalitos que
conviven con las arañas y la podredumbre del polvo. Sin embargo permanecen
intactas tal vez amarillentas ya por el paso del tiempo las páginas de
ejemplares antiguos ¡la tinta permanece! mi vista alcanza sus líneas, se
agolpan las palabras y se deslizan incólumes historias, impresiones y sentires
de aquellos que han permanecido fielmente apostados a las puertas de la vida
capaces de mirar y ver lo que se esconde en la trastienda de esos asientos
desgastados por el peso de una existencia vacía y pavorosa.
Mercedes.
jueves, 10 de septiembre de 2015
SIN ARNÉS
SIN ARNÉS
¿En dónde empezaba?
¿Acababa en dónde?
Me quedé por siempre sentado
en las vagas lindes de tu alma.
Pedro Salinas , El ama tenías.
Tenía que escalar esa roca, el arnés se quedó en casa y todo su cuerpo relucía sostenida tan solo por el collar. Era un trayecto ya conocido, la ciudad se extendía a nuestros pies, pero la roca era empinada como una sima y sentí miedo.
Las gentes del paseo nos observaban, eras tú otra vez, pero la roca era otra, recordé entonces que había dejado el arnés sobre una caja de libros, mi deseo de volver a recuperarlo creció a medida que la roca se empinaba más y más, tu cuello, escapa con frecuencia del collar, el arnés es más seguro, me mirabas como para decirme que la empresa era imposible, gritaban algunos que contemplaban el descenso, ¡sin arnés!, ¡sin arnés gritaban!, volví mis ojos a la caja de libros, mientras tanto tú te concentrabas en el trayecto, tal vez yo no sabía conducirte, tal vez te estaba pidiendo demasiado, pero tú, tú te concentrabas y seguías, era una sima sí y tú me alumbrabas pacientemente. Decidí entonces regresar, yo no podía hacerte eso, me preocupaba el arnés, íbamos a desprendernos del collar en breves instantes, al menor movimiento, tu cuello no lo resiste, ni aún con veinte centímetros de vacío, y volarías bajo mis pies hundiéndote en el vacío, no podía hacerte eso. Tan blanca, tan pura, tan lúcida, soy yo, la bestia, esa que se enfurece ante cualquier adversidad, esa que lo resiste todo, incluso el arnés olvidado sobre la caja de libros, yo te protejo con el mismo candor que tú me transmites, ya hemos llegado al final, decido en un arrebato de mis sentidos abandonar la sima, temo lastimar tu hermoso cuello, asciendo contigo en la escalada, por fin alcanzamos el arnés ansiado, tú no necesitas arnés me digo, ni collar, tu cuello y mi cuello se enlazan perfectamente, juro que no te someteré a más simas rocosas, juro que permaneceré en silencio a tu lado y te besaré el cuello malherido. Ahora ya en casa ante la caja de los libros ¿comprendes acaso mi silencio?
Esa roca es la rabia, el desarraigo, la miseria, tú eres un ángel, tú sabes muy bien que en tu regazo se esconde una fiera y tus ojos se encienden cada vez que me miran, pero no puedes ser una fiera, eres angelical, etérea, placentera, sosegada, paciente, hermosa en todos tus actos, eres bondadosa, inteligente, ajena a cualquier desgarro. Fijé mi mirada en la sima, volví hacia ti mis ojos enloquecidos y los tuyos me indicaron el camino de regreso al arnés posado descuidadamente sobre la caja de libros, a tu alma se iba por caminos amplios, despejados… me quedé para siempre sentada en las vagas lindes de tu alma la mía malherida se quedó en la aviesa sima y sin arnés.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa en dónde?
Me quedé por siempre sentado
en las vagas lindes de tu alma.
Pedro Salinas , El ama tenías.
Tenía que escalar esa roca, el arnés se quedó en casa y todo su cuerpo relucía sostenida tan solo por el collar. Era un trayecto ya conocido, la ciudad se extendía a nuestros pies, pero la roca era empinada como una sima y sentí miedo.
Las gentes del paseo nos observaban, eras tú otra vez, pero la roca era otra, recordé entonces que había dejado el arnés sobre una caja de libros, mi deseo de volver a recuperarlo creció a medida que la roca se empinaba más y más, tu cuello, escapa con frecuencia del collar, el arnés es más seguro, me mirabas como para decirme que la empresa era imposible, gritaban algunos que contemplaban el descenso, ¡sin arnés!, ¡sin arnés gritaban!, volví mis ojos a la caja de libros, mientras tanto tú te concentrabas en el trayecto, tal vez yo no sabía conducirte, tal vez te estaba pidiendo demasiado, pero tú, tú te concentrabas y seguías, era una sima sí y tú me alumbrabas pacientemente. Decidí entonces regresar, yo no podía hacerte eso, me preocupaba el arnés, íbamos a desprendernos del collar en breves instantes, al menor movimiento, tu cuello no lo resiste, ni aún con veinte centímetros de vacío, y volarías bajo mis pies hundiéndote en el vacío, no podía hacerte eso. Tan blanca, tan pura, tan lúcida, soy yo, la bestia, esa que se enfurece ante cualquier adversidad, esa que lo resiste todo, incluso el arnés olvidado sobre la caja de libros, yo te protejo con el mismo candor que tú me transmites, ya hemos llegado al final, decido en un arrebato de mis sentidos abandonar la sima, temo lastimar tu hermoso cuello, asciendo contigo en la escalada, por fin alcanzamos el arnés ansiado, tú no necesitas arnés me digo, ni collar, tu cuello y mi cuello se enlazan perfectamente, juro que no te someteré a más simas rocosas, juro que permaneceré en silencio a tu lado y te besaré el cuello malherido. Ahora ya en casa ante la caja de los libros ¿comprendes acaso mi silencio?
Esa roca es la rabia, el desarraigo, la miseria, tú eres un ángel, tú sabes muy bien que en tu regazo se esconde una fiera y tus ojos se encienden cada vez que me miran, pero no puedes ser una fiera, eres angelical, etérea, placentera, sosegada, paciente, hermosa en todos tus actos, eres bondadosa, inteligente, ajena a cualquier desgarro. Fijé mi mirada en la sima, volví hacia ti mis ojos enloquecidos y los tuyos me indicaron el camino de regreso al arnés posado descuidadamente sobre la caja de libros, a tu alma se iba por caminos amplios, despejados… me quedé para siempre sentada en las vagas lindes de tu alma la mía malherida se quedó en la aviesa sima y sin arnés.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

