martes, 9 de agosto de 2016

CANTO DE SIRENAS "Yo no busco, encuentro" Pablo Picasso


Libro de 50 relatos cortos de tono fantástico y poético que aunque basados en hechos reales no son autobiográficos, ilustrados con imágenes alusivas al texto y citas de autores reconocidos, con una extensión total de 157 páginas.

(Publicado y a la venta  en  Amazon)

viernes, 1 de enero de 2016

INMUNDICIA

INMUNDICIA

Se amontonan en sus asientos en un recinto estrecho y sombrío rozándose sin pudor durante horas en espera del primero que pase para importunarle con sus falsas salutaciones. Ansiosas como comadres en celo, fondonas y envejecidas a destiempo son capaces de escupir con su mala lengua serpientes y sapos envenenados.
Así son y están todos los días a la puerta de mi casa. No dejan vivir a nadie y molestan continuamente como cotorras desatadas.
 En lo más alto del edificio lejos de ese espanto, pueblan mi casa personajes de toda índole, de esos que son capaces de describir el transcurso del río del tiempo entre ciudades bien apostadas y rodeadas de edificios de colores, calles irregulares y pedregosas, el sabor viejo de una cantina añeja, un trago de tequila, una mezquita, un orante oriental que clama en el desierto, un hombre fijo de mirada diáfana y aplicada concentración delante de su libro en un rincón de un café en la vieja Europa, monstruos de todos los días que sacuden los cimientos de las almas bien asentadas e infringen castigos injustos y acusaciones y delirios, todas aquellas cosas que azuzan nuestra vida llenándola de amarguras gratuitas, así, en esa atalaya de sueños, de caminos hollados por pasos anónimos surgen de pronto ensimismados diferentes personajes escritos, labrados, elaborados, sentientes y próximos que con sus voces arrullan los sueños de cada día, de cada noche…
¡¡Cuánta magia desplegada!, las palabras se adueñan del espacio temporal y nos revisten de misterio.
A veces tengo la impresión de que van a derribar con su empuje los muros de mi casa esos despojos humanos ¡cuántas veces he tenido esa sensación! Algunos de manera muy explícita han aludido a una torre de marfil. ¡No existe tal torre! el mundo de los sueños no es más que el transcurso de otras vidas paralelas, paralelas a esas otras vidas de cacatúas maldicientes, líneas que nunca se tocan, en idéntico trayecto, pero con diferentes fardos.
Apostadas en las puertas de mi casa, esas mentes indigentes piden a gritos cierto tipo de conmiseración que no merecen, acreedoras como son de su inmundicia.
Las moscas, mosquitos, chinches y pulgas pueblan mis redaños, pobres animalitos que conviven con las arañas y la podredumbre del polvo. Sin embargo permanecen intactas tal vez amarillentas ya por el paso del tiempo las páginas de ejemplares antiguos ¡la tinta permanece! mi vista alcanza sus líneas, se agolpan las palabras y se deslizan incólumes historias, impresiones y sentires de aquellos que han permanecido fielmente apostados a las puertas de la vida capaces de mirar y ver lo que se esconde en la trastienda de esos asientos desgastados por el peso de una existencia vacía y pavorosa.

Mercedes.

jueves, 10 de septiembre de 2015

SIN ARNÉS

SIN ARNÉS
¿En dónde empezaba?
¿Acababa en dónde?
Me quedé por siempre sentado
en las vagas lindes de tu alma.

Pedro Salinas , El ama tenías.

Tenía que escalar esa roca, el arnés se quedó en casa y todo su cuerpo relucía sostenida tan solo por el collar. Era un trayecto ya conocido, la ciudad se extendía a nuestros pies, pero la roca era empinada como una sima y sentí miedo.

Las gentes del paseo nos observaban, eras tú otra vez, pero la roca era otra, recordé entonces que había dejado el arnés sobre una caja de libros, mi deseo de volver a recuperarlo creció a medida que la roca se empinaba más y más, tu cuello, escapa con frecuencia del collar, el arnés es más seguro, me mirabas como para decirme que la empresa era imposible, gritaban algunos que contemplaban el descenso, ¡sin arnés!, ¡sin arnés gritaban!, volví mis ojos a la caja de libros, mientras tanto tú te concentrabas en el trayecto, tal vez yo no sabía conducirte, tal vez te estaba pidiendo demasiado, pero tú, tú te concentrabas y seguías, era una sima sí y tú me alumbrabas pacientemente. Decidí entonces regresar, yo no podía hacerte eso, me preocupaba el arnés, íbamos a desprendernos del collar en breves instantes, al menor movimiento, tu cuello no lo resiste, ni aún con veinte centímetros de vacío, y volarías bajo mis pies hundiéndote en el vacío, no podía hacerte eso. Tan blanca, tan pura, tan lúcida, soy yo, la bestia, esa que se enfurece ante cualquier adversidad, esa que lo resiste todo, incluso el arnés olvidado sobre la caja de libros, yo te protejo con el mismo candor que tú me transmites, ya hemos llegado al final, decido en un arrebato de mis sentidos abandonar la sima, temo lastimar tu hermoso cuello, asciendo contigo en la escalada, por fin alcanzamos el arnés ansiado, tú no necesitas arnés me digo, ni collar, tu cuello y mi cuello se enlazan perfectamente, juro que no te someteré a más simas rocosas, juro que permaneceré en silencio a tu lado y te besaré el cuello malherido. Ahora ya en casa ante la caja de los libros ¿comprendes acaso mi silencio?
 Esa roca es la rabia, el desarraigo, la miseria, tú eres un ángel, tú sabes muy bien que en tu regazo se esconde una fiera y tus ojos se encienden cada vez que me miran, pero no puedes ser una fiera, eres angelical, etérea, placentera, sosegada, paciente, hermosa en todos tus actos, eres bondadosa, inteligente, ajena a cualquier desgarro. Fijé mi mirada en la sima, volví hacia ti mis ojos enloquecidos y los tuyos me indicaron el camino de regreso al arnés posado descuidadamente sobre la caja de libros, a tu alma se iba por caminos amplios, despejados… me quedé para siempre sentada en las vagas lindes de tu alma la mía malherida se quedó en la aviesa sima y sin arnés.

lunes, 7 de septiembre de 2015

MERECER LA PENA








MERECER LA PENA

"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor"
Samuel Beckett



En una habitación en penumbra, una mañana soleada, el rostro apagado, marcado por la amenaza inminente de la muerte y sin embargo los ojos encendidos de ira, de indignación y de odio.
Un ángel inocente a su lado, sonríe lejos del acontecer del momento, junto a ellas, tejí como Penélope la espera, en lana blanca y esponjosa, los nervios así se destensaban y un hálito de vida asomaba en la mueca espantada, asustada, del espectro viviente.
El dolor y la amargura del ambiente me azotaban con fuerza, entraba, salía, abría las páginas de un libro sin leer una sola línea, mis ojos desorbitados sobrepasaban sus líneas, y sin embargo, entera, y excluida del evento ; los demonios arrojados sobre mis espaldas me hablaban de locura, de prostitución, de delitos, de estupidez, de falsedades sin número, iban y venían envueltos en una culpa acompasada, la edad de ella, su deterioro, su estrepitoso final inesperado, su inconsciencia, la violencia de nuevo, el sigilo, la hipocresía, la avaricia, la envidia, la soberbia, un espectáculo dantesco sobrecogedor hacía mis pasos lentos y apesadumbrados, y sin embargo mi deseo era ver el final, la despedida, porque un día la amé eternamente.
En un acto impregnado de orgullo y recuerdo, abatida por la tensión y el desprecio, acerté a formular una simple pregunta que en otro tiempo escucharon mis oídos respecto a mi propia vida y sin vacilar mi respuesta entonces fue un sí triunfante, en este caso la negativa debía salir a la luz, tal vez se hacía necesaria una defensa, tal vez el poder de la muerte sobre el ser que ha tocado y el espanto me movieron a formular esa pregunta sin vacilar, como para dejar en evidencia tanta infamia, pero con cierto temor a ocasionar un daño, sentí ese temor, sentí esa duda, y decidí finalmente soltarla para que aquel espectro tuviera el descanso eterno en la verdad. Entonces dije – ¿Mereció la pena tanto esfuerzo?, la respuesta no se hizo esperar, como en una escena de ficción fantasmagórica, alzó los débiles huesos de su cráneo tocado, cerca de otro mundo, y un no escueto, rotundo, agresivo, fuerte, casi salvaje salió de sus amoratados labios.
No volví a escuchar su voz colérica, el acceso a ella se me cerró herméticamente, tuve que volver a la vida sola como siempre y ahora la pregunta revierte sobre mi misma — ¿mereció la pena preguntar?.... —la pena fue grande y la respuesta es el fracaso.

domingo, 6 de septiembre de 2015

PASEO

PASEO


Gritan como grajos enfurecidos que anuncian la muerte. Los veo caminar por las calles sombrías y miran convencidos de no ser observados.
Me acerco un tanto a la pared y comprimo al animal entre mi regazo y su sombra. Unos pasos más allá, un hombre descansa en una terraza y fuma despaciosamente su puro apoyada su otra mano en una lustrosa copa de cognac que refleja intensamente la luz del sol. Siento entonces el líquido atravesar mi garganta, cuando una mujer regordeta de aspecto abandonado se acerca para saludarnos, aún su beso pegajoso y lleno de babas me molesta sobre mi mejilla y siento entonces deseos de llegar a casa y lavarme.
Recorro las calles en lo posible vacías y dejo mi mente en blanco, miro hacia la luz y mis ojos sostienen su intensidad, estoy ciega, en perspectiva angular los edificios se abaten sobre mi sombra, estoy inventando otra ciudad, otras ciudades en medio de una noche oscura, sin luna, apresuro el paso y al fin llego a mi portal, lejos de esos gritos salvajes, con el corazón comprimido contra mi pecho remonto cuatro largos pisos y al fin descanso en la intimidad de mi casa vacía.

sábado, 5 de septiembre de 2015

REFUERZO

REFUERZO 

A lo lejos vibraba el estremecedor murmullo de las palmeras en su abrazo constante e intenso, azotado con el viento. Aún el sueño no pesaba sobre mis párpados, pensé entonces en el tiempo hasta el amanecer, la cita era inminente y era preciso llegar a tiempo, entonces decidí ir a acostarme cuanto antes.

 Cuantas veces a lo largo de nuestras vidas vivimos esa terrible situación en la que ansiamos más que nunca detener el tiempo, un tiempo que nos atrapa acompañado de angustia y tensión, un poco por causa de la cita y otro poco por el temor a la falta de sueño y no estar presentable al día siguiente.

 Como la noche era desapacible, alojada en ese hotelucho rodeado de palmeras que rozaban insistentemente los cristales de mi ventana, presagios, temores, inquietudes, premuras del alma sin sosiego espantaban mi descanso habitual.

 Como fuera ya de una pesadilla insomne, vi la primera luz del día señalado reflejada en el espejo del destartalado armario y me levanté sobresaltada, miré la hora y sentí que debía apresurarme. Traté de tranquilizarme, pensé en otras, innumerables citas como esta, de esas que se llaman citaciones y que suelen llegar a tu casa de la mano del cartero y con membrete muy vistoso, que anuncia el juzgado de turno. Anunciaba la presente: Juzgado de Refuerzo, por más vueltas que le di no alcanzaba a comprender el nombrecito, cuando de lo que se trataba era de gestionar un inventario

Un inventario, sí, y qué sabía yo de un inventario del que seguramente una parte me correspondería en herencia elaborado en una casa a la que nunca tuve acceso, en fin bagatelas pensé, tal vez me presente ante un juez con esa sensación de desnudez que suelen provocar largos años de ausencia, la solemnidad del acto, y la tensión añadida que provoca el conocer la realidad de unos bienes adquiridos todos en esa misma ausencia, ¿qué podría yo responder al señor letrado cuando formulara sus preguntas? ¿Quién habrá elaborado el inventario, si es que existe o bien si se trata de elaborarlo qué puedo yo aportar, tan leguleya en la materia y tan ajena? Finalmente me dije que debía abandonar todo reposo y ese mundo sosegado en el que habito y enfrentarme a la cita ocultando en lo posible mi desnudez.

 Cuando emprendí el trayecto al mencionado juzgado, un haz de calles grises, secundarias y empedradas, hacían el camino más siniestro, miré mi reloj, aún tenía tiempo de tomar un café, en ese estado de nervios somnoliento en que me encontraba, tal vez sirviera de revulsivo. En poco tiempo me encontré en la puerta del Juzgado de Refuerzo, con mi letrada que muy amable y protocolaria me estaba esperando. Después de saludarnos cortésmente le dije sin más —no entiendo nada, ¿qué tiene que ver el Refuerzo con el Inventario? No sé muy bien por qué a mí eso de Refuerzo me suena a un acto un tanto opresivo, hace que me sienta como una delincuente, o una loca, y tan sólo se trata de un inventario, claro que dada la magnitud de la herencia y tan aviesas consecuencias y demás citaciones, letrados, economistas, albaceas, una está en condiciones de pensar en alguna medida de presión, por otra parte después de tantas vicisitudes, nunca había estado delante del señor juez, eso es una nueva experiencia.

¿Acaso por fin quedaría desbloqueada la herencia? Dadas mis circunstancias desfavorables, acostumbrada a tantas situaciones en las cuales el término “refuerzo” en su acepción más revolucionaria ha estado presente en mi vida, preferí orientar el nombre del juzgado hacia una perspectiva más optimista, porque ahora sé que existen muchas clases de refuerzos. En mis clases sin ir más lejos, existían en el centro clases llamadas de refuerzo o apoyo destinadas a los alumnos menos aventajados, la palabra en sí evoca cierta violencia rompedora o bien de una situación bloqueada, o bien de otra demasiado alterada; existen fuerzas armadas de refuerzo también, refuerzo policial y militar… refuerzo vitamínico en las clínicas de convalecientes… Refuerzo es la acción y la consecuencia de reforzar (fortificar, vigorizar, compensar o subsanar algo) se lee en los diccionarios, aplicado al deporte, a la economía, a la salud mental y física, está claro, refuerzo sí, el prefijo señala la insistencia, la solidez, la resistencia, en psicología un estímulo positivo o negativo, “reforzar” : añadir nuevas fuerzas a una cosa. Fortalecer o reparar lo ruinoso o quebrantado. Animar, dar aliento. “Refuerzo” mayor grueso que se da a una cosa para aumentar su fuerza o resistencia. Reparo con que se fortalece una cosa que amenaza ruina. Socorro o ayuda. Sinónimos de “reforzar” son: acrecentar, engrosar, aumentar, vigorizar, fortificar, blindar. Antónimos de”reforzar” son: debilitar, aflojar, agotar, consumir, extenuar.
 Con tales consideraciones mi letrada se me quedó mirando un brevísimo instante y sin una sola palabra tranquilizadora, en medio de un torrente de saludos a sus colegas que se apresuraban a sus asientos, me acompañó hasta la sala en la que se procedió al acto con mucho protocolo. Entre tanto yo iba cavilando en mi interior: Y bien… refuerzo sí, tal vez el más urgente sea el de la propia subsistencia.

viernes, 21 de noviembre de 2014

EL INCONSCIENTE



EL INCONSCIENTE


La voz de la conciencia siempre resonaba en sus oídos con ese matiz juicioso que siempre da la consciencia a los hombres de bien. Suele ser motivo de risa y de chanzas contemplar cómo un ser que carece de tan excelsa virtud, se bambolea, y da palos de ciego en una realidad tan bien conformada en su devenir cotidiano.

–¡Eres un inconsciente! Le repetían sin cesar y sin paliativos sus familiares y amigos. —Nunca llegarás muy lejos. Sin embargo, se esforzaba cada minuto de su existencia, ejercitaba su atención, lograba cotas de concentración muy altas… se daba cuenta de que tal vez tenían razón sus diligentes amigos y familiares que con tanta destreza lograban triunfar colmados de éxito, y decidió que debería superar lo que ya consideraba en su carácter  una terrible deficiencia.

Salió de viaje una mañana, como era habitual en él tomó un tren tras haber realizado todas las gestiones necesarias para subirse en él, casi a ciegas y con ese aire ausente que le caracterizaba, tomó asiento en uno de los compartimentos y se dispuso a leer un libro que ya tenía empezado con el fin de coger el hilo en el punto en que se encontraba, pero ¡oh sorpresa!, nada era semejante a la lectura de la noche anterior, la atmósfera del libro no era ya la misma, las líneas se montaban unas sobre otras en medio de tan insistente ajetreo, él con su constancia, todavía incrédulo, continuaba leyendo y pasando páginas y a duras penas lograba enterarse de algo, acaso el cambio de ambiente, el ir y venir de los viajeros, ese inevitable choque con la realidad de un nuevo viaje, irrumpían en su cerebro ocasionándole cierto nerviosismo.

 Pronto entró en su departamento un grupito de personas que lo acompañarían durante el trayecto en diferentes etapas. Levantó la vista levemente y se dio cuenta de que las tres personas que habían entrado colocaban su equipaje en los estantes superiores cuidadosamente y se desembarazaban de sus abrigos colocándolos encima.
Jacobo asombrado siempre por la pulcritud de sus congéneres se preguntaba mientras tanto como en sueños si él había procedido de idéntica manera y repasaba mentalmente todo el proceso desde que llegó al compartimento, en efecto, esa pulcritud le parecía a él inalcanzable.

Como era persona muy locuaz, pronto entabló conversación con una señora, inveterada viajera y de aspecto demasiado atildado. Se estableció entre ellos una conversación convencional a primera vista, pero él enseguida se dio cuenta de que la señora inquiría constantemente, con una sonrisa demasiado complaciente, y se mostraba muy deseosa de saber todo lo que Jacobo escupía por su boca, él inocentemente daba datos y más datos sobre sus circunstancias familiares, sus deseos, sus anhelos más profundos, viajes de otro tiempo, anécdotas del pasado, emocionado de manera visible porque su interlocutora le seguía la corriente, contó Jacobo todo cuanto en ese momento se le pasaba por la imaginación, incluso comentó de pasada el pasaje del libro que estaba leyendo y sintió cómo en ese momento lograba centrarse en su lectura, como una niebla que pasa y nos humedece la cabeza con un pequeño golpe de viento, ah!! ¡Qué gusto poder leer ahora con tranquilidad!, una especie de lucidez repentina hizo que sazonara su solitario monólogo abandonándose a él con cierto desenfreno desesperado ante la escasa participación de la viajera que asentía o negaba con gestos, como si estuviera privada de lenguaje, o tal vez su código lingüístico fuera muy pobre, o simplemente carecía de educación tan insensible como se mostraba, pero cuyas preguntas excitaban la imaginación solitaria de Jacobo que se veía obligado a responder con largas parrafadas y benevolentes sonrisas que le servían de incisos.

La mujer se recreaba con su inocente conversación, pronto Jacobo se quedó sin aliento, estático, dejo de mover sus manos, posó su mirada ausente en los ávidos ojos de la señora, le iban y le venían diferentes ráfagas de lucidez a su  cerebro agotado por el esfuerzo constante de atención a la mujer y su cuidadoso lenguaje y descripción. El tren rodaba a toda marcha como si sus palabras volaran al unísono, y sus sonrisas se posaran en lo alto de las montañas circundantes,  sintió un ligero sofoco y después frío, la mujer completamente ajena a sus impresiones, continuaba ansiosa su labor de preguntar como si no fueran suficientes todos los datos que le había proporcionado Jacobo, poco a poco iba tiñéndose su semblante de lozanía, y satisfacción, mientras Jacobo sentía el deseo apremiante de detener  su conversación, de detener la marcha impetuosa del tren, porque le inundaba la frialdad del vacío.

Cuando por fin la viajera llegó a su lugar de destino y recogió sus cosas para bajar del vagón, él emitió un saludo de despedida ausente como siempre y amable,  y se quedó pensativo, era inútil de todo punto retomar su lectura, miró a través de la ventanilla el paisaje montañoso que se abalanzaba sobre el tren, sintió un leve mareo, una especie de arcada acompañada de una nausea se le agolpó en la garganta mientras pasaban por su imaginación todas las palabras que había emitido en absoluto carentes de entusiasmo, sintió también una profunda tristeza acompasada por cierto nerviosismo y malestar, ¿qué había estado haciendo? ¿era posible que siempre que entablaba una conversación, una multitud de impresiones silenciosas tuvieran que acosarlo y torturarlo?, se hizo a sí mismo el firme propósito de no volver  a hacerlo, pero ¿cómo?, –vivía entre la gente y la gente habla y habla… pregunta y pregunta… y nunca es capaz de apreciar si tienes nauseas, si sientes un vacío enloquecedor, si los nervios se desatan, si no eres capaz de retomar tu lectura, en fin todas esas cosas que ocurren cuando un interlocutor toma conciencia de cierta candidez en el otro y decide absorberla sin piedad.

Jacobo llegó al fin a su destino, con su habitual mirada ausente y el gesto consternado y abatido a causa de lo poco que había evolucionado su conciencia, pisó con firmeza el asfalto y tal como subió a ciegas a ese tren, tomo un taxi que lo llevó a su casa en donde siempre escuchaba la misma cantinela, –nunca llegarás muy lejos… —eres un inconsciente…, cabizbajo  se dirigió a su cuarto y retomó atentamente la lectura en el punto en que lo había dejado, y libre ya en su soledad de interlocutores apremiantes, prosiguió su ejercicio cotidiano de consciencia, esta vez sí, lograba enterarse de algo.

Mercedes.


Imagen: Bruno Schultz "Self-portrait" 1920-22.