lunes, 7 de septiembre de 2015

MERECER LA PENA








MERECER LA PENA

"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor"
Samuel Beckett



En una habitación en penumbra, una mañana soleada, el rostro apagado, marcado por la amenaza inminente de la muerte y sin embargo los ojos encendidos de ira, de indignación y de odio.
Un ángel inocente a su lado, sonríe lejos del acontecer del momento, junto a ellas, tejí como Penélope la espera, en lana blanca y esponjosa, los nervios así se destensaban y un hálito de vida asomaba en la mueca espantada, asustada, del espectro viviente.
El dolor y la amargura del ambiente me azotaban con fuerza, entraba, salía, abría las páginas de un libro sin leer una sola línea, mis ojos desorbitados sobrepasaban sus líneas, y sin embargo, entera, y excluida del evento ; los demonios arrojados sobre mis espaldas me hablaban de locura, de prostitución, de delitos, de estupidez, de falsedades sin número, iban y venían envueltos en una culpa acompasada, la edad de ella, su deterioro, su estrepitoso final inesperado, su inconsciencia, la violencia de nuevo, el sigilo, la hipocresía, la avaricia, la envidia, la soberbia, un espectáculo dantesco sobrecogedor hacía mis pasos lentos y apesadumbrados, y sin embargo mi deseo era ver el final, la despedida, porque un día la amé eternamente.
En un acto impregnado de orgullo y recuerdo, abatida por la tensión y el desprecio, acerté a formular una simple pregunta que en otro tiempo escucharon mis oídos respecto a mi propia vida y sin vacilar mi respuesta entonces fue un sí triunfante, en este caso la negativa debía salir a la luz, tal vez se hacía necesaria una defensa, tal vez el poder de la muerte sobre el ser que ha tocado y el espanto me movieron a formular esa pregunta sin vacilar, como para dejar en evidencia tanta infamia, pero con cierto temor a ocasionar un daño, sentí ese temor, sentí esa duda, y decidí finalmente soltarla para que aquel espectro tuviera el descanso eterno en la verdad. Entonces dije – ¿Mereció la pena tanto esfuerzo?, la respuesta no se hizo esperar, como en una escena de ficción fantasmagórica, alzó los débiles huesos de su cráneo tocado, cerca de otro mundo, y un no escueto, rotundo, agresivo, fuerte, casi salvaje salió de sus amoratados labios.
No volví a escuchar su voz colérica, el acceso a ella se me cerró herméticamente, tuve que volver a la vida sola como siempre y ahora la pregunta revierte sobre mi misma — ¿mereció la pena preguntar?.... —la pena fue grande y la respuesta es el fracaso.

domingo, 6 de septiembre de 2015

PASEO

PASEO


Gritan como grajos enfurecidos que anuncian la muerte. Los veo caminar por las calles sombrías y miran convencidos de no ser observados.
Me acerco un tanto a la pared y comprimo al animal entre mi regazo y su sombra. Unos pasos más allá, un hombre descansa en una terraza y fuma despaciosamente su puro apoyada su otra mano en una lustrosa copa de cognac que refleja intensamente la luz del sol. Siento entonces el líquido atravesar mi garganta, cuando una mujer regordeta de aspecto abandonado se acerca para saludarnos, aún su beso pegajoso y lleno de babas me molesta sobre mi mejilla y siento entonces deseos de llegar a casa y lavarme.
Recorro las calles en lo posible vacías y dejo mi mente en blanco, miro hacia la luz y mis ojos sostienen su intensidad, estoy ciega, en perspectiva angular los edificios se abaten sobre mi sombra, estoy inventando otra ciudad, otras ciudades en medio de una noche oscura, sin luna, apresuro el paso y al fin llego a mi portal, lejos de esos gritos salvajes, con el corazón comprimido contra mi pecho remonto cuatro largos pisos y al fin descanso en la intimidad de mi casa vacía.

sábado, 5 de septiembre de 2015

REFUERZO

REFUERZO 

A lo lejos vibraba el estremecedor murmullo de las palmeras en su abrazo constante e intenso, azotado con el viento. Aún el sueño no pesaba sobre mis párpados, pensé entonces en el tiempo hasta el amanecer, la cita era inminente y era preciso llegar a tiempo, entonces decidí ir a acostarme cuanto antes.

 Cuantas veces a lo largo de nuestras vidas vivimos esa terrible situación en la que ansiamos más que nunca detener el tiempo, un tiempo que nos atrapa acompañado de angustia y tensión, un poco por causa de la cita y otro poco por el temor a la falta de sueño y no estar presentable al día siguiente.

 Como la noche era desapacible, alojada en ese hotelucho rodeado de palmeras que rozaban insistentemente los cristales de mi ventana, presagios, temores, inquietudes, premuras del alma sin sosiego espantaban mi descanso habitual.

 Como fuera ya de una pesadilla insomne, vi la primera luz del día señalado reflejada en el espejo del destartalado armario y me levanté sobresaltada, miré la hora y sentí que debía apresurarme. Traté de tranquilizarme, pensé en otras, innumerables citas como esta, de esas que se llaman citaciones y que suelen llegar a tu casa de la mano del cartero y con membrete muy vistoso, que anuncia el juzgado de turno. Anunciaba la presente: Juzgado de Refuerzo, por más vueltas que le di no alcanzaba a comprender el nombrecito, cuando de lo que se trataba era de gestionar un inventario

Un inventario, sí, y qué sabía yo de un inventario del que seguramente una parte me correspondería en herencia elaborado en una casa a la que nunca tuve acceso, en fin bagatelas pensé, tal vez me presente ante un juez con esa sensación de desnudez que suelen provocar largos años de ausencia, la solemnidad del acto, y la tensión añadida que provoca el conocer la realidad de unos bienes adquiridos todos en esa misma ausencia, ¿qué podría yo responder al señor letrado cuando formulara sus preguntas? ¿Quién habrá elaborado el inventario, si es que existe o bien si se trata de elaborarlo qué puedo yo aportar, tan leguleya en la materia y tan ajena? Finalmente me dije que debía abandonar todo reposo y ese mundo sosegado en el que habito y enfrentarme a la cita ocultando en lo posible mi desnudez.

 Cuando emprendí el trayecto al mencionado juzgado, un haz de calles grises, secundarias y empedradas, hacían el camino más siniestro, miré mi reloj, aún tenía tiempo de tomar un café, en ese estado de nervios somnoliento en que me encontraba, tal vez sirviera de revulsivo. En poco tiempo me encontré en la puerta del Juzgado de Refuerzo, con mi letrada que muy amable y protocolaria me estaba esperando. Después de saludarnos cortésmente le dije sin más —no entiendo nada, ¿qué tiene que ver el Refuerzo con el Inventario? No sé muy bien por qué a mí eso de Refuerzo me suena a un acto un tanto opresivo, hace que me sienta como una delincuente, o una loca, y tan sólo se trata de un inventario, claro que dada la magnitud de la herencia y tan aviesas consecuencias y demás citaciones, letrados, economistas, albaceas, una está en condiciones de pensar en alguna medida de presión, por otra parte después de tantas vicisitudes, nunca había estado delante del señor juez, eso es una nueva experiencia.

¿Acaso por fin quedaría desbloqueada la herencia? Dadas mis circunstancias desfavorables, acostumbrada a tantas situaciones en las cuales el término “refuerzo” en su acepción más revolucionaria ha estado presente en mi vida, preferí orientar el nombre del juzgado hacia una perspectiva más optimista, porque ahora sé que existen muchas clases de refuerzos. En mis clases sin ir más lejos, existían en el centro clases llamadas de refuerzo o apoyo destinadas a los alumnos menos aventajados, la palabra en sí evoca cierta violencia rompedora o bien de una situación bloqueada, o bien de otra demasiado alterada; existen fuerzas armadas de refuerzo también, refuerzo policial y militar… refuerzo vitamínico en las clínicas de convalecientes… Refuerzo es la acción y la consecuencia de reforzar (fortificar, vigorizar, compensar o subsanar algo) se lee en los diccionarios, aplicado al deporte, a la economía, a la salud mental y física, está claro, refuerzo sí, el prefijo señala la insistencia, la solidez, la resistencia, en psicología un estímulo positivo o negativo, “reforzar” : añadir nuevas fuerzas a una cosa. Fortalecer o reparar lo ruinoso o quebrantado. Animar, dar aliento. “Refuerzo” mayor grueso que se da a una cosa para aumentar su fuerza o resistencia. Reparo con que se fortalece una cosa que amenaza ruina. Socorro o ayuda. Sinónimos de “reforzar” son: acrecentar, engrosar, aumentar, vigorizar, fortificar, blindar. Antónimos de”reforzar” son: debilitar, aflojar, agotar, consumir, extenuar.
 Con tales consideraciones mi letrada se me quedó mirando un brevísimo instante y sin una sola palabra tranquilizadora, en medio de un torrente de saludos a sus colegas que se apresuraban a sus asientos, me acompañó hasta la sala en la que se procedió al acto con mucho protocolo. Entre tanto yo iba cavilando en mi interior: Y bien… refuerzo sí, tal vez el más urgente sea el de la propia subsistencia.

viernes, 21 de noviembre de 2014

EL INCONSCIENTE



EL INCONSCIENTE


La voz de la conciencia siempre resonaba en sus oídos con ese matiz juicioso que siempre da la consciencia a los hombres de bien. Suele ser motivo de risa y de chanzas contemplar cómo un ser que carece de tan excelsa virtud, se bambolea, y da palos de ciego en una realidad tan bien conformada en su devenir cotidiano.

–¡Eres un inconsciente! Le repetían sin cesar y sin paliativos sus familiares y amigos. —Nunca llegarás muy lejos. Sin embargo, se esforzaba cada minuto de su existencia, ejercitaba su atención, lograba cotas de concentración muy altas… se daba cuenta de que tal vez tenían razón sus diligentes amigos y familiares que con tanta destreza lograban triunfar colmados de éxito, y decidió que debería superar lo que ya consideraba en su carácter  una terrible deficiencia.

Salió de viaje una mañana, como era habitual en él tomó un tren tras haber realizado todas las gestiones necesarias para subirse en él, casi a ciegas y con ese aire ausente que le caracterizaba, tomó asiento en uno de los compartimentos y se dispuso a leer un libro que ya tenía empezado con el fin de coger el hilo en el punto en que se encontraba, pero ¡oh sorpresa!, nada era semejante a la lectura de la noche anterior, la atmósfera del libro no era ya la misma, las líneas se montaban unas sobre otras en medio de tan insistente ajetreo, él con su constancia, todavía incrédulo, continuaba leyendo y pasando páginas y a duras penas lograba enterarse de algo, acaso el cambio de ambiente, el ir y venir de los viajeros, ese inevitable choque con la realidad de un nuevo viaje, irrumpían en su cerebro ocasionándole cierto nerviosismo.

 Pronto entró en su departamento un grupito de personas que lo acompañarían durante el trayecto en diferentes etapas. Levantó la vista levemente y se dio cuenta de que las tres personas que habían entrado colocaban su equipaje en los estantes superiores cuidadosamente y se desembarazaban de sus abrigos colocándolos encima.
Jacobo asombrado siempre por la pulcritud de sus congéneres se preguntaba mientras tanto como en sueños si él había procedido de idéntica manera y repasaba mentalmente todo el proceso desde que llegó al compartimento, en efecto, esa pulcritud le parecía a él inalcanzable.

Como era persona muy locuaz, pronto entabló conversación con una señora, inveterada viajera y de aspecto demasiado atildado. Se estableció entre ellos una conversación convencional a primera vista, pero él enseguida se dio cuenta de que la señora inquiría constantemente, con una sonrisa demasiado complaciente, y se mostraba muy deseosa de saber todo lo que Jacobo escupía por su boca, él inocentemente daba datos y más datos sobre sus circunstancias familiares, sus deseos, sus anhelos más profundos, viajes de otro tiempo, anécdotas del pasado, emocionado de manera visible porque su interlocutora le seguía la corriente, contó Jacobo todo cuanto en ese momento se le pasaba por la imaginación, incluso comentó de pasada el pasaje del libro que estaba leyendo y sintió cómo en ese momento lograba centrarse en su lectura, como una niebla que pasa y nos humedece la cabeza con un pequeño golpe de viento, ah!! ¡Qué gusto poder leer ahora con tranquilidad!, una especie de lucidez repentina hizo que sazonara su solitario monólogo abandonándose a él con cierto desenfreno desesperado ante la escasa participación de la viajera que asentía o negaba con gestos, como si estuviera privada de lenguaje, o tal vez su código lingüístico fuera muy pobre, o simplemente carecía de educación tan insensible como se mostraba, pero cuyas preguntas excitaban la imaginación solitaria de Jacobo que se veía obligado a responder con largas parrafadas y benevolentes sonrisas que le servían de incisos.

La mujer se recreaba con su inocente conversación, pronto Jacobo se quedó sin aliento, estático, dejo de mover sus manos, posó su mirada ausente en los ávidos ojos de la señora, le iban y le venían diferentes ráfagas de lucidez a su  cerebro agotado por el esfuerzo constante de atención a la mujer y su cuidadoso lenguaje y descripción. El tren rodaba a toda marcha como si sus palabras volaran al unísono, y sus sonrisas se posaran en lo alto de las montañas circundantes,  sintió un ligero sofoco y después frío, la mujer completamente ajena a sus impresiones, continuaba ansiosa su labor de preguntar como si no fueran suficientes todos los datos que le había proporcionado Jacobo, poco a poco iba tiñéndose su semblante de lozanía, y satisfacción, mientras Jacobo sentía el deseo apremiante de detener  su conversación, de detener la marcha impetuosa del tren, porque le inundaba la frialdad del vacío.

Cuando por fin la viajera llegó a su lugar de destino y recogió sus cosas para bajar del vagón, él emitió un saludo de despedida ausente como siempre y amable,  y se quedó pensativo, era inútil de todo punto retomar su lectura, miró a través de la ventanilla el paisaje montañoso que se abalanzaba sobre el tren, sintió un leve mareo, una especie de arcada acompañada de una nausea se le agolpó en la garganta mientras pasaban por su imaginación todas las palabras que había emitido en absoluto carentes de entusiasmo, sintió también una profunda tristeza acompasada por cierto nerviosismo y malestar, ¿qué había estado haciendo? ¿era posible que siempre que entablaba una conversación, una multitud de impresiones silenciosas tuvieran que acosarlo y torturarlo?, se hizo a sí mismo el firme propósito de no volver  a hacerlo, pero ¿cómo?, –vivía entre la gente y la gente habla y habla… pregunta y pregunta… y nunca es capaz de apreciar si tienes nauseas, si sientes un vacío enloquecedor, si los nervios se desatan, si no eres capaz de retomar tu lectura, en fin todas esas cosas que ocurren cuando un interlocutor toma conciencia de cierta candidez en el otro y decide absorberla sin piedad.

Jacobo llegó al fin a su destino, con su habitual mirada ausente y el gesto consternado y abatido a causa de lo poco que había evolucionado su conciencia, pisó con firmeza el asfalto y tal como subió a ciegas a ese tren, tomo un taxi que lo llevó a su casa en donde siempre escuchaba la misma cantinela, –nunca llegarás muy lejos… —eres un inconsciente…, cabizbajo  se dirigió a su cuarto y retomó atentamente la lectura en el punto en que lo había dejado, y libre ya en su soledad de interlocutores apremiantes, prosiguió su ejercicio cotidiano de consciencia, esta vez sí, lograba enterarse de algo.

Mercedes.


Imagen: Bruno Schultz "Self-portrait" 1920-22.

domingo, 24 de agosto de 2014

BATAWANA

BATAWANA



Apoyado contra un muro el hombre temblaba con un móvil en las manos. Cada vibración del aparato le iluminaba el rostro, encendía su mirada, y caía su boca con un rictus entre la esperanza ansiosa y la fatal desesperanza.
Lo veía desde su lecho manipular las teclas, mensajes de texto…llamadas perdidas…. enlaces…
Luz oscura entre tinieblas el hombre se transformaba, se tambaleaba como un borracho a las tres de la madrugada.
Un estremecimiento ahogó mil penas en la mujer que lo observaba inquieta con el alma en vilo temiéndose lo peor. Recorrer la ciudad juntos quizá no fuera suficiente, esta visión lo desvelaba todo a esas horas en las que ella se fundía en un abrazo de ensueño, de esperanza.
Sonaba el móvil imperioso y cada vez que sonaba, el hombre se retorcía, entre convulsiones, poco a poco iba perdiendo fuerzas, y se combaba lentamente en un arco antropomórfico, desesperado.
Al cabo de unos minutos la pantalla del pequeño ordenador se iluminó, la batería como era de esperar se acabó, empezaron a escribirse las letras del aviso lentamente, primero Bat después awana. Resultado final “Batawana”, ella recordó entonces algunos vocablos indios llenos de presagios, de misterio,  lo leyó como un mensaje entre sueños, sintió que la noche se le venía encima, contempló la imagen del hombre desfallecido entre las convulsiones de la locura, el aparato permanecía destartalado a su derecha con las letras del mensaje bien claras “Batawana”, no pudo en ese momento levantarse de la cama y abrir la puerta. Finalmente abrió la puerta de su cuarto, una sombra deambulaba por la casa, y sintió un leve estremecimiento, la inquietud se respiraba en el ambiente, bebió un trago de agua, volvió a su cama, la perra también se levantó inquieta y fue a tumbarse en la entrada, cuando regresó al lecho y se fundió en el abrazo habitual no pudo volver a conciliar el sueño, Batawana rondaba a su antojo por su mente como aquellas enigmáticas palabras de antaño analizables, explicables, pero esta palabra estaba asociada a la muerte, esta palabra se tendía en el suelo aún entre los pedazos electrónicos de un móvil, sintió que el miedo empapaba sus huesos y la impotencia de ver a un hombre tendido a sus pies roto de dolor y convulsionado por las descargas de la locura.
 “Batawana” mensaje de texto: “La batería se está quedando sin energía. Bateria baja, cargue la batería pronto para seguir usando el teléfono”. Enlazó los cables de carga y los enchufó a la corriente esperanzada.

Fin.

miércoles, 30 de abril de 2014

¿QUÉ ES LA LITERATURA?





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¿Qué es la literatura?

Los libros no es que te digan cómo hay que vivir es que te cuentan cómo la han vivido otros. De lo general a lo particular de lo contrario te pierdes.


Era  una niña muy estudiosa que le gustaba leer libros y sin saber nunca por qué razón siempre estaba castigada fuera de la vista de todas sus compañeras, sin duda era un mal ejemplo, pronto se dio cuenta que la mejor actitud frente a gente tan punitiva era la de ser amable.
– ¡No estudies tanto, que se te va a poner el culo gordo! ¡Te vas a quedar ciega de tanto leer! — el amor es cosa de la literatura y del cine, decían otros. Eran las lindezas que cada día  escuchaba de sus mayores.
Pasó el tiempo, su trasero no engordó y su vista se encontraba en un excelente estado. Vapuleada por tanta presión, no pudo evitar formularse algunas de esas preguntas que se derivaban de esas amenazas. ¿Qué es el amor? ¿Qué es el cine? ¿Qué es la literatura?
Después de serias averiguaciones, descubrió que la vida que la rodeaba era un vacío intenso que la relegaba a castigos y azotes continuamente, y que sólo en los libros que leía encontraba la explicación, eran como una ventana abierta a través de la cual entraba la luz y la brisa encerrándola cada vez más en un estrecho recinto físico que poco le importaba, ser tan pequeña ante semejantes descubrimientos era algo que nunca llegaba a  vislumbrar.
La niña creció y allá por donde pisaba, encontraba idéntica oposición. Pronto empezaron los rumores de que estaba loca, de que era una persona obsesiva e inaccesible, pero sus amigos literatos y poetas continuaron atrapándola hasta el infinito, no era una obsesión cuantitativa, simplemente ella buscaba respuestas a sus preguntas. No era ambición de saber tampoco, notó enseguida que sólo la lectura de  un buen texto puede sobrecoger de placer, se dio cuenta que explicar los sentimientos es muy difícil, y con ello todas las demás  cosas intangibles, fue poco a poco refinando su búsqueda, y comprobó que los grandes genios tenían numerosos puntos de coincidencia pero sobre todo alumbraban con idéntica intensidad.
—Es un camino difícil e inseguro el que emprendemos en compañía de los libros, las sorpresas se suceden de continuo, se confunde el tiempo con el tiempo… los espacios se magnifican… toda la vida se puede concentrar en medio de una historia… y en el trayecto hacia los libros del pasado la atención se alía con la interpretación de los textos, entonces llega una destreza tal en la mirada que hace al despertar que una simple página nos parezca la eternidad.
Un día la niña ya mujer se encontró con un sabio, él ,visiblemente molesto por tanta inquietud en medio de  su ambiente le preguntó: ¿es que quiere usted saberlo todo? Una irrupción de sentimientos encontrados afligieron su ánimo, —imagino que en medio de una batalla un guerrero de los de antaño, cuando perdía sus armas debía tener en su mirada idéntica expresión de tristeza e impotencia que a ella la embargaron en ese momento. Con sigilo, lentamente como intrusa en el nuevo reino, retrocedió sobre sus pasos presa de una grave confusión.
A partir de entonces, vislumbró la soberbia en el saber, y su deseo fue alejarse de los sabios que encontraba a su paso, nunca había ¡ni siquiera soñado! que fueran tantos y ¡de carne y hueso!
Comenzó entonces un largo peregrinar a través de archivos, librerías y bibliotecas, ¿qué le importaba a ella una reprimenda más? Después de todo Platón no la conocía, ni todos los sabios juntos con los que tropezó en las páginas intemporales de los libros.
Algunos hombres se ponen nerviosos como si aquello que ellos han descubierto fuera un fin en sí mismo, eso a ella no le ocurría y pronto tuvo la sospecha de que algo hacía mal, entonces surgieron las dudas, ¿Es un espejismo? ¿Es un delito? ¿Me estoy equivocando?

Como su pasión por la vida era muy intensa, encontró más y más preguntas a las que encontrar respuesta. Entró en laberintos intrincados, acarició su sueño lejos de los sabios, comprendió que en realidad los libros que tanta compañía nos procuran solo hablan de una cosa, la inmensa soledad que sentimos desvalidos ante las puertas inexorables del tiempo.

domingo, 27 de abril de 2014

LOS RECOLECTORES DE CACAO













LOS RECOLECTORES DE CACAO

“Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo”
J. L. Borges


Caminaban lentos los hombres, cansados y abrasados por el calor y los fardos. Caminos tortuosos hasta llegar a la carretera infinita. Sus torsos encorvados por el peso brillaban al sol, caminaban en hilera. Eran recolectores de cacao. Cuentan las leyendas de los mayas que es un producto con poderes divinos. Regalo divino para aliviar su cansancio y deleitar el reposo.
Theobroma cacao es el nombre científico que recibe el árbol del cacao o cacaotero, planta de hoja perenne de la familia Malvaceae. Theobroma significa en griego «alimento de los dioses»; cacao deriva del nahua «cacáhua».

A lo lejos se veía  una mancha difuminada por los rayos del sol y los ojos abatidos de los caminantes se llenaban de esperanza e inquietud.
Escuchaba en medio de la niebla de los sueños la voz de un narrador atentamente y tan impaciente como esos hombres que desfilaban al mismo tiempo desfilaba el relato que me contaba un hombre entrado en años con voz trémula y lejana en el tiempo. La tensión del esfuerzo de los caminantes se hizo presente en una noche de la que no quería despertar hasta llegar al final de esa infinitud que procuran los sueños.
Debieron transcurrir breves minutos en ese trayecto que hice en la noche,  en el corazón del tiempo, temía, tan inquieta como ellos que no llegara la mancha lejana, sentía un calor sofocante que se confundía con el frío, ignoraba en qué lugar del mundo y de la historia me encontraba, el narrador me tenía atrapada en medio de las visiones, todo transcurría como si yo misma formara parte de esa hilera, llegó un momento en el que mi deseo de conocer al narrador se hizo indispensable, pero el narrador aparecía encubierto, solo alcanzaba a escuchar su voz eterna, pensé entonces que tal vez estuviera muerto pues los muertos suelen visitarme mientras duermo, pero este mágico personaje aparecía entre nubes de ensueños y me condujo a través de una carretera estrecha, pedregosa, sinuosa en la que la hilera de hombres se confundía con su perspectiva, hubo incluso un momento en el que fui consciente de que no era un sueño, era un relato, las tierras que pisaba me eran desconocidas, todo era lejano e ignoto, los hombres cargados con sus fardos llegaron al final de la carretera, y la mancha desveló una vieja cabaña en la que un corro de mujeres vestidas de blanco batían chocolate espeso con unos artefactos de madera, los hombres suspiraron contemplando el ir y venir de las hiladas del producto que pendían de esos palos, sedientos de descanso y con el aire casi divino que da el reposo del trabajo y del esfuerzo.

Una sensación de infinitud me acompañó todo el día.